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Astrid Kirchherr, la fotógrafa que creó el peinado de los Beatles

El pasado 12 de mayo nos dejaba Astrid Kirchherr, fotógrafa alemana cuyo nombre estará siempre ligado al de la banda de Liverpool.

Sin duda la vida de Astrid Kirchherr cambió un día de 1960. Ante la insistencia de su novio de entonces, Klaus Voormann, fue al distrito rojo de Hamburgo a ver a un grupo de Liverpool. El lugar no era precisamente de lo mejorcito de la ciudad, allí los jóvenes ingleses descubren el sexo fácil y las drogas.

La atracción debió de ser mutua, por aquella época los Beatles, que entonces eran quinteto, se vestían como teddy boys. El circulo de Astrid, estudiante de diseño convertida en fotógrafa, era más intelectual. Sus influencias estaban más próximas a la Nouvelle Vague o el existencialismo, y no tanto el rock and roll americano que tanto gustaba a los de Liverpool.

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The Beatles con Pete Best y Stuart Sutcliffe en Hugo Hasse Fun Fair, Astrid Kirchherr, 1960

Astrid se quedó prendada de Stuart Sutcliffe, con su aire a lo James Dean. Fue a él a quien cambio el peinado engominado por una melena que cubría la frente. Posteriormente, este corte de pelo sería una de las señas de identidad de unos Beatles ya convertidos en estrellas. La relación fue tan intensa que Stu abandonó el grupo para iniciar una carrera en la pintura. Pero todo acabó en tragedia, en 1962 Sutcliffe fallecía de una hemorragia cerebral con tan solo 21 años. La historia es tan cinematográfica que acabará contándose en una película de 1994, Backbeat.

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John Lennon y George Harrison tras la muerte de Stu, Astrid Kirchherr, 1962

Es difícil imaginar el impacto que esta temprana perdida tuvo en su vida. Al mismo tiempo, la carrera de los Beatles despegó mucho más allá de lo imaginable. Siguió unida al grupo durante un tiempo y en 1964 viajó a Londres mientras rodaban «A hard days night», su primera película.

Astrid Kirchherr, entre Ringo y Lennon durante el rodaje de A Hard Day’s Night, en 1964.

Después de 1967, su producción fotográfica se redujo considerablemente. Se sentía decepcionada ante el nulo interés que se prestaba a sus fotografías fuera del ámbito de los Beatles. Acabo dedicándose al diseño de interiores. En los años 90 volvió a interesarse por la fotografía, se dedicó a reconstruir su archivo, reclamar los derechos de copyright y finalizar trabajos que habían quedado incompletos y que acabaron en un libro, Liverpool Days.

Sin su mirada, los primeros pasos de los Beatles no hubieran parecido tan glamurosos. Solo por eso la historia de la música le deben un lugar entre su mitología.

Paul con Stu, Astrid Kirchherr, 1960
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