Scorsese y The Rolling Stones

El alma rockera de Martin Scorsese

Martin Scorsese es el director que mejor ha conectado con la música rock, ya sea utilizándola para crear atmósfera en sus películas o para realizar estupendos documentales.

¿Quién no recuerda la mítica escena del bar en la película Malas Calles (1973)? En ella, Charlie (personaje interpretado por Harvey Keitel) observa desde la barra de un bar la entrada triunfal de Johnny Boy (Robert De Niro), al ritmo de los acordes de Jumpin’ Jack Flash de los Rolling Stones.  Incluso llegó a afirmar que la película giraba entorno a esta canción y el temazo que abría los títulos de crédito, Be My Baby de The Ronettes.

«Cuando era joven, la música popular formaba parte de la banda sonora de mi vida» Martin Scorsese

El Rock and Roll bullía a través de las jukeboxes y los radiocassetes que sonaban en el Lower East Side de Nueva York donde creció. Quizá por eso y porque siempre que veía una escena de violencia sonaba música en alguna parte, acabó asociando ambos conceptos. Su primera pasión fue el Blues antes que el rock. Artistas como Leadbelly o Bo Diddley le apasionaban. No es de extrañar que en 2003 realizara una serie de documentales sobre el género.

Scorsese escucha música mientras escribe sus guiones, de ahí que muchas de sus escenas estén coreografiadas al ritmo de determinadas canciones. Un buen ejemplo de esto sería la utilización de la parte instrumental de Layla en Uno de los nuestros (1990), canción que Eric Clapton compuso en 1970 cuando militaba en Derek and the Dominoes. Es justo la escena en la que van apareciendo cadáveres en coches, camiones de basura y congeladores.

El último Vals

Cuando en 1976 el grupo The Band organizó un concierto de despedida, llamaron a Martin Scorsese para que realizara una película sobre el evento, película que aceptó sin ni siquiera firmar un contrato. The Last Waltz (1978) se convirtió en una película mítica en la que aparecían artistas de la talla de Bob Dylan, Neil Young, Joni Mitchell, Eric Clapton, Van Morrison, Neil Diamond o Muddy Waters entre otros, todos ellos relevantes en la carrera del grupo. Scorsese elaboró un guión, indicando quién cantaba cada canción y dónde debían estar situadas las cámaras y lo grabó todo en película de 35mm. Filmado en el Winterland Ballroom de San Francisco, al escenario se le dió una estética de ópera, potenciando el efecto teatral. Hoy en día la película esta considerada como una pionera de los documentales de rock.

Una vez disuelto The Band, su cantante y guitarrista, Robbie Robertson siguió colaborando con Scorsese como productor y supervisor musical de muchas de sus películas. Comenzando por Toro Salvaje (1980) y continuando en películas como El rey de la comedia (1982) o El color del dinero (1986) para las que también compuso parte de la banda sonora. El buen gusto de Robertson se puede apreciar en la selección musical que realizó para Casino (1995). A lo largo de sus 173 minutos se pueden escuchar temas que van desde Cream a Fleetwood Mac. Pero sin duda los grandes protagonistas de la banda sonora son The Rolling Stones con nada menos que seis canciones. Quizás la inclusión más sorprendente sea la de Can’t you hear me knocking, incluida originalmente en Sticky Fingers (1971) y cuyos 7 minutos y 17 segundos suenan en su totalidad.

Scorsese y Robbie Robertson

Y sus satánicas majestades llegaron por fin

Los Rolling Stones son una de las debilidades de Martin Scorsese, por eso es lógico que después de años escuchando y utilizando sus canciones para sus películas acabara colaborando con ellos. El momento llegó en 2006, cuando Scorsese filmó a la banda en el Beacon Theatre de Nueva York. La película resultante, Shine a Light se estrenó un año después. Junto a la banda británica aparecen otros músicos como Jack White, Buddy Guy o Christina Aguilera (impagable la cara de Keith Richards cuando tiene que saludarla al final de su actuación). También sale Bill Clinton, aunque en esta ocasión nos ahorramos su actuación. La película comienza con las vicisitudes de Martin para conseguir la lista de canciones.

Scorsese también ha documentado las carreras de otros grandes del rock. En 2005 realizó No direction home sobre la vida de Bob Dylan y a su impacto en la cultura y música popular americana en el siglo XX. Con más de dos horas de duración, el documental retrata muy bien la evolución del reciente Premio Nobel de Literatura desde sus inicios como cantante folk hasta su posterior evolución como estrella del rock. Muy similar es Living in the material world (2011), en este caso sobre George Harrison.

El amargo final de Vinyl

La última producción del neoyorkino relacionada con el rock ha sido Vinyl, la serie que puso en marcha en 2016 junto a Mick Jagger para HBO. Ambientada en los años setenta y centrada en una discográfica ficticia, a lo largo de sus capítulos salen artistas de la época como Led Zeppelin o David Bowie. El propio Scorsese se encargó de dirigir el primer episodio, que lleva su sello de principio a fin. Tenía la intención de dirigir futuros episodios de la serie, pero HBO decidió cancelar la serie tras su primera y única temporada. Una pena ya que para muchos, entre los que nos incluimos, la serie era una debilidad.

 

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