El último vals, el final de una era

Al final de los años setenta, The Band ofreció un último concierto en el Winterland Ballroom de San Francisco. La instancia contó con invitados de lujo y fue registrada para la posteridad por el mismísimo Martin Scorsese.

Estamos en el año 1976 y, aunque todavía quedan cuatro años para que finalice la década, se puede decir que El último vals supone el final de los setenta. Probablemente la década que mejor música ha aportada a la historia del rock. El grupo The Band, después de veinte años en la carretera decide poner punto final a su brillante trayectoria. Y de que manera, acompañados por algunos de los músicos más influyentes del rock, Eric Clapton, Neil Young, Van Morrison

Un final polémico, parece ser que fue Robbie Robertson quién realmente decidió echar el cierre. La realidad es que desde los últimos discos, Robertson se había convertido prácticamente en el compositor principal. Precisamente fue Robertson quién decidió contactar con Martin Scorsese, quién se encontraba en medio del rodaje de New York New York, para que se encargará de filmar el show. De hecho fue el primer concierto grabado en 35mm, si no se considera como una actuación la grabación de Live at Pompeii de Pink Floyd que es anterior.

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Levon Helm se quejaba en sus memorias, This Wheel’s on fire, que Scorsese le dio demasiado protagonismo a Robertson en la cinta, haciendo que pareciera que era el verdadero líder del grupo. La realidad es que poco tiempo después, el cineasta acabaría viviendo durante un tiempo en casa de Robbie, quién además se convertiría en asesor musical de muchas de sus películas.

Lo que no se puede negar es que el director de Taxi Driver fue quien aportó muchas de las ideas. Por ejemplo, decidió grabar algunas de las canciones en estudio, es el caso de The Weight, cantada junto a The Staple Singers, omitiendo la versión del concierto o Evangeline con Emmylou Harris. También decidió insertar una serie de entrevistas a lo largo de la cinta, fundamentales para entender la evolución del grupo hasta ese final. Más discutible es que colocara las canciones agrupadas por estilos, en un orden diferente al de la actuación.

El afamado director de arte Boris Leven se encargo de la escenografía y de la iluminación. Pidió traer unas enormes lámparas de araña para asemejar el escenario del Winterland Ballroom con el de la opera de San Francisco. El concierto que incluía una cena no demasiado barata fue organizado por el famoso promotor Bill Graham.

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La presión para registrar todas las actuaciones fue bastante alta y a pesar de las planificaciones que el propio Scorsese había hecho antes del show, hubo algunos errores como el de nadie estuviera preparado para registrar la actuación de Muddy Waters. Por suerte, uno de los cámaras había dejado la suya encendida y pudo al menos grabarla desde un único ángulo hasta el final de la canción en la que ya se suman otros cámaras.

Pero sin duda la actuación más esperada fue la de Bob Dylan. Fiel a su hermetismo que le caracteriza, el músico de Duluth no confirmó su presencia días antes de la actuación. Y sin su presencia el concierto hubiera perdido parte de su sentido, al fin y al cabo The Band fue la banda de acompañamiento de Dylan, cuando todavía se llamaban The Hawks, durante su accidentada gira de cambio hacia la electrificación. También con el autor de Blowing in the wind registraron las famosas cintas del sótano, grabadas en Woodstock y publicadas como The Basament Tapes en 1975. Aún así Dylan se negó a que registrarán toda su actuación ya que se encontraba inmerso en la producción de su propia película, Renaldo y Clara.

Aunque no fue la última canción, el final incluyo una versión de I shall be released interpretado por todos los asistentes más la inclusión de Ringo Starr y Ronnie Wood, en representación de sus respectivas bandas.

La película no se estrenó hasta 1978 y aún dio tiempo a publicar un último disco de estudio, Islands (1977). Con la publicación finalmente de la banda sonora de la película un año más tarde podría haber sido un cierre poético a una exitosa carrera. Pero la realidad es que el grupo volvió a unirse de nuevo en 1983 ya sin Robertson, a quién consideraban el principal responsable de la ruptura de la banda. Helm llegó a afirmar en su biografía que The Last Waltz había sido la peor traición que el grupo había sufrido en toda su carrera. En defensa de Robertson habría que decir que no le faltaba cierta razón cuando afirmaba ante las cámaras de Scorsese que la carretera se había llevado a los más grandes y que era mejor parar ahí. El suicidio de Richard Manuel en 1986 en plena gira o la muerte de Rick Danko tras años de abusos con las drogas, son un buen ejemplo de lo que el guitarrista quería evitar con una retirada temprana.

Desde su estreno, The Last Waltz fue aclamada por la crítica y aún hoy sigue considerándose una de las mejores grabaciones de un grupo de rock.

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