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Elvis, bigger than life

La película de Luhrmann sobre Elvis es un calidoscopio de imágenes y música sin apenas descanso para el espectador. 

Bigger than life es el título de una película estaudounidense estrenada en 1956 y que bien podría servir para definir la vida de Elvis. Y es que los cuarenta y dos años de existencia de Elvis Aaron Presley fueron excesivos en todos los aspectos. Por eso, para narrar su historia no se puede hacer de forma convencional, se necesita a un director tan barroco como Baz Luhrmann, con un estilo tan personal que es amado por muchos y odiado por otros tantos. 

El director de Moulin Rouge llevaba desde 2013 sin rodar una película, tiempo que ha dedicado a poner en pie este biopic sobre el rey del rock. Una cinta que pese a que por momentos parezca un gran videoclip alargado, sigue el esquema clásico en el que se nos muestra un héroe y un villano. Papel este último reservado para el coronel Tom Parker, personaje bastante oscuro, interpretado magistralmente por Tom Hanks. Parker fue tan responsable del éxito de Elvis como de su caída a los infiernos. Su relación es la base de la cinta, pues como si de una marioneta se tratara, va llevando a su pupilo de un lugar a otro a su propia conveniencia, desde mandarlo a Hollywood a rodar películas lamentables mientras el mundo cambiaba a su alrededor, hasta impedirle actuar en el extranjero. 

Cualquiera que busque realismo en la película de Luhrmann no lo va a encontrar, para eso mejor ver un documental tan estupendo como Elvis Presley: buscador incansable de 2018. Ni tan siquiera Austin Butler, el actor que da vida a Elvis, se parece físicamente, pero tampoco es algo que llegue a importar demasiado gracias a su más que solvente interpretación. Pero aquí importa más la leyenda, el mito que la persona que se escondía detrás, que no era más que un juguete roto en manos de hienas comiendo su trozo del pastel.

Como en muchos otros biopics, se maquillan un poco los momentos más oscuros de un artista que tenía cierta ingenuidad infantil que lo llevó a ser manejado pese a la rebeldía inicial que fascinó a toda una generación. Desgraciadamente los nacidos en la era de internet no pueden llegar a comprender lo que supuso la llegada de alguien visto casi como un alienígena para la conservadora sociedad americana de los cincuenta. 

Cualquiera que no vea esta película en el cine se pierde casi el 70% de lo que ofrece como espectáculo cinematográfico. Y la sensación final es la de que nunca más podrá haber un artista de esta dimensión, no solo porque es irrepetible, sino porque para bien o para mal el mundo tan bien ha cambiado, y ya es muy difícil que se den las circunstancias para que un fenómeno así tenga lugar. 

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