Un documental reivindica a The Velvet Underground

El documental estrenado en AppleTV y dirigido por Todd Haynes repasa la trayectoria de la banda de culto neoyorquina. 

Si hay una banda que merecía un documental esa es The Velvet Underground. Tras la muerte de Lou Reed en 2013 había muchas opciones para que un grupo que nunca fue un superventas acabara en el olvido. Cierto es que resultaba bastante difícil, por no decir imposible, que un documental de estas características ponga de moda su música de la misma forma que Bohemian Rhapsody, dio a conocer a una nueva generación las canciones de Queen.  

Ni siquiera durante la corta existencia de la banda, del 64 al 73, tuvieron gran repercusión, más allá del canto de cisne que supuso su último disco y el lanzamiento de Sweet Jane. Sin embargo, generaciones de músicos posteriores desde David Bowie a The Strokes, demostraron que su influencia había sido notable. Y es que las provocadoras y literarias letras de Reed mezclaban a la perfección con el vanguardismo de John Cale

 

Cartel de la película

La película se presentó en Cannes y se estrenó en algunos cines, aunque será en Apple TV donde seguro tenga su mercado. Su director Todd Haynes realiza un trabajo correcto, aunque los no iniciados puedan perderse sobretodo en los minutos iniciales de la cinta. Haynes ya había demostrado solvencia en películas musicales con las irregulares I’m Not There (2007), ese calidoscopio sobre la figura de Dylan y Velvet Goldmine (1998) libremente inspirada en la relación de Bowie e Iggy Pop. Según Haynes su documental también es una carta de amor a Nueva York, ciudad clave en el desarrollo de la banda. Allí conocieron a quien fue su mecenas, Andy Warhol, quien deseoso por explorar nuevos territorios artísticos, mando a sus ayudantes a los locales de ambiente en busca de una banda a la que producir. Warhol puso el dinero y diseñó la famosa portada del plátano. Pero Warhol impuso además la participación de Nico, algo a lo que Reed no estaba muy de acuerdo, pero que al final fue un acierto, pues la gélida voz de la germana encajaba a la perfección con la temática de las canciones.

El grupo nunca encajó bien con el emergente movimiento hippie, algo que se hizo bastante patente durante su primera gira, la experimental The Exploding Plastic Invevitable. A los pocos que debieron asistir a sus conciertos de entonces les debieron parecer unos extraterrestres venidos de otro planeta, con sus gafas de sol oscuras y sus chupas de cuero. Nada que ver con el colorido del flower power. Y la temática de sus canciones tampoco ayudaba en exceso, mientras que los hippies hablaban de amor libre y fumar marihuana, la Velvet hablaba de heroína y relaciones sadomasoquistas. 

 

Para la publicación de su segundo disco, White Light/White Heat (1968), Reed ya se había desecho tanto de Warhol como de Nico. Como consecuencia el disco es mucho más experimental e inaccesible. Tanto que uno de los técnicos dejó la cinta grabando y se marchó del estudio al no soportar el ruido emitido. La relación entre Reed y Cale también llegó a su fin tras este álbum. Lou ansiaba lograr la fama y la visión musical del gales más enfocada hacia el art rock comenzaba a ser un lastre. Se le sustituyó por Doug Yule, un músico solvente pero a años luz de Cale, quien inició una fructífera carrera como productor. The Stooges o Patti Smith, alumnos aventajados de la Velvet se encuentran entre su cartera de clientes.

Los dos últimos discos contenían canciones más directas, especialmente Loaded (1970), compuesto pensando ya en las listas de éxitos. Ni siquiera importó que Moe Tucker no pudiera asistir a la grabación a causa de su embarazo. Como el propio Lou comentó aquello ya era otro grupo, su grupo.

Aún a pesar del éxito relativo que obtuvo Loaded, el grupo acabó disolviéndose. Sterling Morrison obtuvo una plaza como profesor y Lou Reed regresó durante un año al seno familiar, tiempo que dedicó para plantear su posterior carrera en solitario. Con tan solo dos miembros originales vivos, la banda podría algún día no ser más que un recuerdo de tiempos pretéritos cuando todo el que escuchaba sus discos quería formar una banda, ahora que las listas de éxitos están formadas por canciones pergeñadas por un ordenador. 

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